martes, 19 de mayo de 2009

Recrarnia: Leo, La mujer Rosa, Noel y el Bus.

Diseño: Leonardo Navarro

Son las once de la mañana. Me dirijo a casa, espero un momento, y luego de unos minutos pasa mi trasporte, un bus casi vacío, subo en el y en una esquina se encuentra una mujer, pero no cualquier mujer si no alguien que causa gracia en mi mirada y timidez en mi mismo, miro hacia donde esta ella y el puesto de al lado se encuentra vacío, pero aunque este vacío no me atrevo a sentarme junto a ella, me siento diagonal y el bus segundos después emprende su marcha, de inmediato y por un buen tiempo mi mirada es intermitente hacia ella.

Podría pasar un día entero describiendo a aquella mujer, pero lo intentare en unas pocas líneas. “Mujer rosa”, de uñas delicadas, de tiernos dientes, cejas pobladas, pestañas respingadas, nariz delicada, cabello crespo a dos tonos con un pizca de rasta y sobre todo una sonrisa inconfundible, una sonrisa que destella armonía y alegría, aunque no se si a los demás pasajeros del bus cause el mismo efecto, pero en mi si lo causa, me doy tres golpes en cerebro y me pregunto a mi mismo ¿Por qué no me senté al lado de aquella mujer?, quizás mi timidez me traiciono o el legado de una mujer indiferente a ella que reposa en mi memoria no me dejo, no lo se, ni intentare buscar una solución pues “la mujer rosa” ya es un pasado.

Pasaron de diez a quince minutos y yo seguía en la misma tónica con “la mujer rosa”, pero solo unos segundos después mi mirada cambio. Una persona de color propiamente de la calle sube al bus, y digo de la calle por sus medias rotas, zapatos deteriorados, bermuda desgastada y camisa revolcada y sucia, aspectos que me dieron a pensar que este era un “negrito” habitante de la calle, negro como la noche pero con una sonrisa blanca como la luna y una mirada noble que me hace llamarlo “Noel”, él pasa tan solo quinientos pesos al chofer y le dice que lo lleve, el chofer no le responde nada, tan solo recibe el dinero y sigue su marcha, luego “Noel” se sienta, y unos minutos después el ambiente del bus se convierte en una especie de guerra.

Una guerra donde propiamente “Noel” sin saberlo es el culpable, y esta guerra se debe únicamente al olor que emanaba, realmente no se como describirlo, pero no era nada agradable, se conjugaba entre lo fétido y lo ingrato, pasaron solo unos segundos y las personas que se encontraban al lado de él se comienzan alejar, pues no puede soportar el olor, “Noel” sonríe con su mirada noble, pero no se da cuenta de lo que pasa, sus escasos 16 años no le dan cabida para entender lo que sucede en esta sociedad, “La mujer rosa” comienza a mover sus manos alredor de su nariz evidenciando que el olor no le agrada, así mismo sucede con todos los pasajeros, quienes consideran que sentarse al lado “Noel” es como pagar una penitencia o estar pecando.

Minutos después y a medida que avanza el bus de la compañía “Recreativo”, el olor se acentúa más y pasajeros siguen subiendo, y cada uno que sube y se hace al lado de “Noel” inmediatamente cambia de lugar por su olor, y así los que ya conocen la problemática incluyendo “la mujer rosa”, en tono jocoso murmullan y ríen al ver los que se sientan alrededor, hasta que el bus frena y el chofer en tono peyorativo casi le tira los quinientos pesos a “Noel”en la cara y le dice: “bájate ya”, él pregunta ¿por qué? Y el chofer con una seña le indica la salida, “Noel” ciñe la cara y se baja con profunda confusión, mi rabia e ira son infalibles pero no soy capaz de decir nada por que se que los pasajeros en su gran mayoría se encuentran a favor de el abandono de este joven, quizás para mi será lo indicado que se bajara, pero no estoy de acuerdo en la manera en que se hizo, cada ser humano merece respeto y un buen trato. Giro mi cabeza y miro de nuevo el rostro “Noel” abajo del bus, su cara solo evidencia decesión, el sol brilla y el bus lo abandona, en mi mente digo “te salvaste de esta suciedad -Noel-”.

Segundos después mi mirada se centra de nuevo en “la mujer rosa” quien tiene ausente en su rostro la sonrisa que me cautivo y ahora la seriedad hace parte de ella, ya no la veo tan interesante, vislumbro un semáforo y luego del la luz verde me tendré que bajar, me paro, miro al lado izquierdo y procedo con mi mano a timbrar, encima de mi mano siento la mano de una mujer, volteo y me dice “perdón” yo respondo “tranquila”, era “la mujer rosa” quien con una sonrisa y una palabra dicha por su melodiosa voz, me regala felicidad por un instante, nos bajamos igual y en forma de “Y” cada quien toma su destino, giro mi cabeza y a lo lejos solo veo unas sandalias blancas en los pies de aquella “mujer rosa”, su nombre me será un paradigma, su sonrisa es armonía y sus sandalias son épicas.

Tan solo una palabra y una sonrisa te dan alegría un instante, la nobleza de una persona te dan ánimos y la suciedad de algunas personas te dan rabia, tendré entonces los pies en la tierra y un vaso de agua en la mano, a vos buen viento, excelente vibra y hasta luego.


Leonardo Navarro Reyes
19 de mayo de 2009

3 comentarios:

Any valencia dijo...

LEo, me gusto muchoo! Me cautivo la narracion, me lei en un 2 x 3 la historia, queria saber que pasaria y casi alcanzo a estar ahi, a persivir el olor y la gente.
y la proxima...sentate al lado!! jajaja Uno nunca sabe! Un abrazo, Bye

Lali dijo...

Te inventaste un nueva frase: "color de la calle" ja!

Pero te cuento que me rei muuucho porque recordé que a mi exnovio le sucedió lo mismo en un papagayo 9, sólo que el noel de la historia no tenía propiamente el color de la calle, era un cochino más y la gente del bus se deleitaba cuando alguien se sentaba a su lado, entonces cuando el se montó toodo el bus lo miró con expectativa, cosa que solo entendió cuando se ubicó al lado de él, es más en una cultura indigena se untan un poco de saliva en la nariz para ahuyentar el mal olor y nisiquiera esa técnica le sirvió para evitar el hedor del man.

todo bién leo!

Unknown dijo...

paga taxi asqueroso